En el centro de Buenos Aires hay una cuadra donde los edificios de una vereda parecen el reflejo de los de enfrente. Unas calles más allá, otra cuadra dobla en medio de la manzana porque por ahí pasaba el tren. Son dos buenos motivos para mirar el mapa porteño de cerca: a veces la historia está justamente en la calle que uno suele tomar como atajo.
Estos diez pasajes se pueden conocer en tres paseos: el centro, Balvanera y el sur. Hay calles para caminar de punta a punta y conjuntos de viviendas que conviene mirar desde la vereda. Esta es la diferencia antes de salir.
El pasaje Santos Discépolo une Callao y Corrientes, en el tramo entre Lavalle y Riobamba, y hace algo raro para una calle del centro: dobla sin llegar a una esquina. Su curva conserva la traza del primer ferrocarril porteño, el Ferrocarril del Oeste, que salía de la antigua Estación del Parque, donde hoy está el Teatro Colón, rumbo a Floresta. Los últimos trenes pasaron por acá en 1883 y desde 2008 es Sitio de Interés Cultural.
El dato: entrá desde Callao y salí por Corrientes. Así se entiende el dibujo que dejó la vía y terminás el paseo sobre la avenida de los teatros.
El pasaje Rivarola une Bartolomé Mitre y Perón, entre Talcahuano y Uruguay. Son ocho edificios de cinco pisos con fachadas pensadas en espejo, y en 2024 cumplió 100 años. La gracia está en mirar de a pares: elegí una ventana, un balcón o una cornisa y buscá su equivalente en la fachada de enfrente.
El dato: empezá desde una de las esquinas, donde se ven ambas hileras de edificios de una sola mirada. Después vale la pena caminar la cuadra y mirar los detalles desde abajo.
En Bartolomé Mitre al 1500, el pasaje de la Piedad se mete en la manzana y vuelve a la misma calle: es el único pasaje porteño con forma de herradura que sobrevive. Sus accesos están en Bartolomé Mitre 1525 y 1573. Se construyó entre fines del siglo XIX y 1900, y junto con la iglesia de La Piedad fue declarado monumento histórico nacional. En las viviendas aparecen rasgos italianos y, en las fachadas exteriores, influencias francesas.
El dato: es un conjunto residencial. Programá la visita por lo que se puede apreciar desde la calle; no hace falta entrar al espacio de los vecinos para reconocer la forma del pasaje.
En avenida Rivadavia 2431, en Once, el pasaje Colombo esconde una calle interior detrás de un portón de hierro. Se terminó en 1893, primero se llamó Edificadora, por la empresa que compró el terreno, y después tomó el nombre de Carlos Ambrosio Colombo, que se quedó con el conjunto. Desde 1997 es Área de Protección Histórica. Desde la vereda, lo que parece la entrada de una sola casa esconde toda una calle.
El dato: miralo desde Rivadavia, porque el acceso es solo para vecinos. La siguiente parada queda sobre la misma avenida, sin necesidad de desviarse.
A la altura de avenida Rivadavia 2645 está el pasaje Sarmiento. Su arquitectura remite a Andalucía: arcos de medio punto, mayólicas y una fuente con cabeza de león. Lo interesante de verlo después de Colombo es descubrir dos soluciones distintas para construir viviendas detrás de una misma avenida.
El dato: el interior es residencial. Si lo que te interesa es entrar a conocer edificios históricos, en Loomi tenemos una guía de palacios de Buenos Aires que se pueden visitar.
En Zelaya al 3000, entre Jean Jaurès y Anchorena, Gardel aparece retratado más de una vez y con distintas técnicas. El pasaje forma parte de una intervención de Marino Santa María, realizada entre 2002 y 2005, que el artista llama su “Gardel pop”. Entre los rostros del cantor aparecen letras y partituras: vale la pena acercarse a las paredes en vez de quedarse con la foto general.
El dato: combiná Zelaya con la esquina de Anchorena y el pasaje Carlos Gardel, donde está el monumento al cantor. Son dos paradas distintas del mismo paseo por el Abasto.
En Barracas, Marino Santa María empezó en los años 90 por la fachada de su propio taller. Los vecinos le pidieron que siguiera en sus casas y el pasaje Lanín terminó convertido en una obra hecha de unos 35 frentes, inaugurada completa en abril de 2001. Acá cambian los materiales y el tema: hay azulejos, mosaicos y figuras abstractas que se prolongan de una vivienda a la siguiente.
El dato: el pasaje va de Brandsen al 2100 hasta la avenida Suárez, unos 200 metros. Arrancá por Brandsen, mirá el conjunto desde la entrada y después acercate a ver cómo están armados los mosaicos.
En La Boca, Caminito reúne conventillos de chapa, veredas de color y una calle que se abre hacia el paisaje del puerto. Magallanes 808, frente al paseo, sirve como punto de encuentro. Desde ahí se puede seguir a pie hacia la Vuelta de Rocha y mirar el transbordador desde la orilla.
El dato: si querés sumar La Boca a una recorrida más larga, mirá el recorrido del bus eléctrico que llega a Caminito.
En San Telmo, el pasaje San Lorenzo es una cuadra corta y empedrada entre Defensa y Balcarce. Su gran atracción está en el número 380: la Casa Mínima, considerada la casa más angosta de Buenos Aires, con unos 2,5 metros de frente y 13 de fondo. Después de la fiebre amarilla funcionaron ahí conventillos, y hoy forma parte del complejo de El Zanjón de Granados.
El dato: la fachada se ve desde la calle. Ojo con la leyenda que dice que la construyó un esclavo liberado: los historiadores la desmienten, pero igual la vas a escuchar.
A pocos metros, el pasaje Giuffra baja empedrado desde Defensa hacia el Paseo Colón. Son apenas dos cuadras, pero es uno de los rincones que mejor conserva la escala del San Telmo antiguo: casas bajas, faroles y la pendiente que recuerda que el río estaba más cerca.
El dato: juntá San Lorenzo y Giuffra en la misma caminata y terminá en la calle Defensa. Si es domingo, te encontrás de lleno con la feria.





