Dónde tomar vermut en Buenos Aires: 8 bares para el aperitivo

El vermut llegó a la mesa argentina de la mano de los inmigrantes italianos y españoles, y se hizo un lugar en los bares de barrio y en los almuerzos familiares. Antes de comer, un vaso con hielo, soda y algo para picar daba tiempo a que llegaran todos. Esa costumbre de abrir el apetito también era una manera de alargar la charla.

Hoy, las vermuterías de Buenos Aires siguen alimentando ese ritual, con etiquetas nacionales, recetas propias y una cocina que merece tanta atención como la bebida. Entre barras históricas y lugares más nuevos, elegimos estas direcciones para pedir un vermú, compartir unos platos y quedarse conversando.

1. La Fuerza

En la esquina de Dorrego y Castillo, La Fuerza reúne su propio vermut y una cocina de bar porteño. Es una parada para probar la bebida que da nombre al lugar, pedir algo para compartir y quedarse conversando alrededor de la mesa.

El interés está también en la relación entre la marca y el bar: acá el aperitivo ocupa el centro de la propuesta. Si querés conocerlo, podés empezar por un vermut con hielo y después decidir cuánto soda sumarle. La proporción cambia bastante el resultado: más soda lo vuelve más liviano y deja una bebida más larga.

Dónde: avenida Dorrego 1409, esquina Castillo.

Para pedir: el vermut de la casa y platos de su carta de bar.

2. Sifón Sodería

El nombre de Sifón Sodería adelanta una parte esencial de la salida: la soda tiene lugar propio en la mesa. En Chacarita, la propuesta cruza aperitivos, coctelería y platos para compartir.

Es una dirección para armar la comida de a poco, con varias preparaciones en el centro y una segunda ronda si la charla sigue. El formato permite pasar por un aperitivo o quedarse a comer; vale mirar la carta completa antes de pedir todo junto.

Dónde: Jorge Newbery 3881, Chacarita.

El dato: además del vermut, tiene coctelería. Puede servir para una mesa donde cada uno quiere tomar algo distinto.

3. La Caña Vermutería

La Caña lleva la combinación de vermut y tapas a Villa del Parque. La tortilla es una de las preparaciones que acompañan la propuesta, con una carta que invita a pedir al centro.

La ubicación suma una alternativa fuera del recorrido más habitual por Palermo y Chacarita. Para quienes viven cerca, permite resolver el aperitivo en el barrio; para quienes van de visita, puede ser el motivo para conocer otra zona de la ciudad.

Dónde: Marcos Sastre 3301, Villa del Parque.

Para pedir: vermut y tortilla, y completar la mesa con las tapas disponibles.

4. Los Galgos

En Callao y Lavalle, Los Galgos conserva el carácter de un bar porteño de esquina. La barra y el salón forman parte de una salida que también puede incluir una comida, sin quedar limitada a una ronda de aperitivos.

Su ubicación lo vuelve una parada cómoda antes de caminar hacia avenida Corrientes. El vermut encaja en ese momento entre la tarde y la noche, cuando todavía hay tiempo para sentarse antes del teatro o de una cena por el centro.

Dónde: avenida Callao 501, San Nicolás.

El dato: es un bar notable. El atractivo incluye el edificio y el ambiente, además de lo que llega a la mesa.

5. Malasangre Vermubar

Una barra amplia, mesas en la vereda y vermut tirado definen parte de la propuesta de Malasangre Vermubar, en Belgrano. La comida cruza tapeo y platos de bodegón, con espacio para compartir varias preparaciones.

El vermut tirado permite probar una forma de servicio distinta de la botella individual. Se puede pedir como primera ronda y continuar con la carta, según cuánto hambre tenga la mesa. En días de buen tiempo, las mesas exteriores suman otra manera de disfrutar la salida.

Dónde: Crámer 2704, Belgrano.

Para pedir: vermut tirado y platos para compartir.

6. Roma del Abasto

Pizza al molde, horno a leña y vermut La Fuerza tirado: Roma del Abasto tiene una combinación bien concreta para organizar el plan. Su historia comienza en 1927, cuando funcionaba como bar, almacén y fiambrería.

La propuesta actual mantiene el vínculo con la esquina y suma una pizza cuya masa fermenta durante 48 horas en frío. También hay empanadas. El aperitivo puede acompañar una porción o abrir una comida que siga con una pizza para toda la mesa.

Dónde: Anchorena 806, Abasto.

El dato: el local también anuncia recargas de botellas de vermut. Las condiciones se consultan directamente en el bar.

7. Yiyo el Zeneize

Botellas antiguas, objetos y una larga historia de almacén acompañan la visita a Yiyo el Zeneize. En Parque Avellaneda, el lugar conserva una identidad muy ligada al barrio y a las mesas de bodegón.

La carta permite seguir el aperitivo con empanadas, una picada o una comida más abundante. Vale reservar tiempo para mirar el salón: los objetos forman parte de la experiencia tanto como la bebida y los platos.

Dónde: avenida Eva Perón 4402, Parque Avellaneda.

El dato: su historia se remonta a 1921. Es una de las paradas de esta selección para combinar vermut y patrimonio de barrio.

8. Cucha del Pari

Cucha del Pari suma patio, mesas en la vereda y una propuesta de comida donde aparecen empanadas fritas y tapeo. El vermut con soda acompaña una salida que puede cruzarse con actividades culturales del espacio.

Conviene mirar su programación si la idea es ir por una fecha particular. Para una visita centrada en comer y tomar algo, el patio es uno de los sectores a tener en cuenta al elegir mesa.

Dónde: Batalla del Pari 916.

Para pedir: vermut con soda y empanadas fritas.

La historia del vermut: de una tienda de Turín a las mesas del mundo

La historia del vermut moderno tiene una fecha y una ciudad de referencia: 1786, Turín, en el norte de Italia. Allí, Antonio Benedetto Carpano comenzó a vender una preparación de vino moscatel con hierbas y especias en una tienda de Piazza Castello, frente al Palacio Real. Su fórmula se convirtió en el punto de partida de una marca que sigue existiendo más de dos siglos después. Según la historia de la casa, Carpano envió una caja al rey Víctor Amadeo III, que incorporó la bebida a la mesa de la corte.

Pero mezclar vino con hierbas era una práctica mucho más antigua: ya se hacía en tiempos de los romanos. Incluso hay referencias escritas al vermut anteriores a Carpano, como una de 1773 en Oenologia toscana. Por eso, su lugar en esta historia está ligado al desarrollo comercial y la popularidad de la bebida, más que a haber sido la primera persona en aromatizar un vino.

El nombre también cuenta parte de la receta. Proviene del alemán Wermut, que significa ajenjo: una planta aromática que aporta el amargor característico. El vino es la base sobre la que cada productor construye su combinación de botánicos. Ese encuentro entre vino, hierbas y especias explica que dos vermuts puedan tener personalidades tan diferentes, aun cuando los sirvamos de la misma manera: con hielo y un poco de soda.

Cómo pedir un vermut

Podés empezar con hielo y sumar soda de a poco. Así probás primero el perfil de la bebida y ajustás la intensidad a tu gusto. Si preferís que lo preparen en la barra, indicá si lo querés solo, con soda o dentro de un cóctel.

Para compartir comida, Roma propone una combinación directa con pizza; La Caña pone las tapas en primer plano; Yiyo permite continuar con una comida de bodegón. La carta y los precios vigentes se consultan en los canales de cada lugar enlazados en la nota.

Fuentes consultadas