Clásicos con más de cien años, heladerías de barrio y nuevas propuestas de autor. Elegimos doce lugares para comer algunos de los mejores helados de Buenos Aires.
Buenos Aires tiene una relación especial con el helado. La inmigración italiana convirtió a las heladerías en parte de la vida cotidiana de la ciudad y dejó una tradición que todavía se reconoce en los sabores clásicos: dulce de leche, sambayón, chocolate, crema americana y frutilla.
A ese circuito histórico se sumaron proyectos que trabajan con frutas de estación, cacao de origen, pistachos, productos orgánicos y combinaciones que cambian durante el año.
Esta selección no funciona como un ranking. Reúne heladerías diferentes por su historia, la calidad de sus ingredientes, la identidad de sus sabores o la experiencia que proponen.
Los locales y direcciones fueron verificados el 6 de agosto de 2026. Los horarios y sabores disponibles pueden modificarse.
Cadore es una de las heladerías más emblemáticas de Buenos Aires. La familia comenzó su tradición heladera en Italia durante el siglo XIX y abrió el local de la avenida Corrientes en 1957.
El helado se continúa elaborando en el mismo establecimiento en el que se vende. Su propuesta mantiene un perfil completamente clásico, con cremas intensas, chocolates, frutas y diferentes versiones de dulce de leche.
Uno de los sabores más buscados es el dulce de leche, elaborado mediante una cocción prolongada que concentra el sabor y modifica su textura. También se destacan el chocolate amargo, el pistacho, el sambayón y la stracciatella.
El local queda dentro del circuito de teatros y pizzerías de Corrientes, por lo que funciona muy bien como última parada después de una obra o una cena.
Scannapieco conserva el aspecto y el espíritu de una auténtica heladería de barrio.
El salón, las fotografías antiguas, el mostrador y la atención mantienen una identidad que parece ajena a las cadenas modernas. Acá la prioridad está puesta en el producto y en una carta dominada por los grandes sabores de la tradición italiana.
Es una buena elección para pedir sambayón, pistacho, chocolate, crema rusa o dulce de leche. Las porciones son abundantes y la textura se mantiene particularmente cremosa.
Su ubicación permite combinarla con los bares, restaurantes y espacios culturales que transformaron Chacarita durante los últimos años.
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Saverio comenzó su historia en 1909, cuando el inmigrante italiano Saverio Manzo abrió su primera heladería en San Cristóbal.
Más de un siglo después, el negocio continúa vinculado con la familia y mantiene su especialización en helados y postres artesanales. El local histórico de la avenida San Juan también funciona como cafetería.
La carta está orientada hacia los sabores tradicionales, con diferentes chocolates, dulces de leche, cremas y frutas. Es uno de esos lugares en los que vale la pena pedir gustos aparentemente simples para comprobar la calidad de la materia prima.
También elabora cassatas, almendrados, bombones helados y otros postres que formaron parte de las mesas porteñas durante décadas.
Tino representa otra parte fundamental de la cultura heladera porteña: el negocio al que los vecinos vuelven durante años y en el que no hace falta estudiar una carta interminable para elegir.
La propuesta está concentrada en cremas tradicionales, chocolates, frutas y dulces de leche elaborados con recetas artesanales. No busca impresionar mediante sabores extraños ni una ambientación preparada para las redes sociales.
El local conserva una estética sencilla y una atención cercana. Es una buena alternativa para quienes prefieren un helado clásico, cremoso y sin demasiadas vueltas.
La Flor de Almagro fue fundada en 1933 por el inmigrante italiano Salvador Diglietto y continúa administrada por sus descendientes.
Es una heladería pequeña, tradicional y profundamente ligada al barrio. Su carta combina gustos clásicos con sabores creados en homenaje a diferentes integrantes de la familia.
Entre sus opciones aparecen chocolates, café, dulce de leche, sambayón y cremas con frutas. Uno de sus rasgos más valorados es el equilibrio: los sabores mantienen intensidad sin depender de una cantidad excesiva de azúcar.
La experiencia es sencilla y directa. Se pide en el mostrador y buena parte del público se lleva el helado para continuar caminando.
Obrador Florida plantea el helado como un producto gastronómico completo.
Dentro del local se puede observar el espacio de elaboración, donde el equipo recibe la materia prima, desarrolla recetas y produce los sabores. La propuesta trabaja con ingredientes como leche orgánica, cacao, vainas de vainilla, frutas de estación y huevos de campo.
Su carta puede incluir dulce de leche orgánico, chocolate elaborado desde la semilla de cacao, vainilla infusionada, pomelo blanco, sambayón con miso y diferentes sorbetes.
Los sabores cambian según la disponibilidad de los ingredientes y las investigaciones del obrador. Es una de las mejores opciones para quienes quieren salir de las combinaciones tradicionales y probar una mirada más contemporánea.
Pistacchio se hizo conocida por una propuesta de autor, una carta cambiante y una especial atención sobre los frutos secos.
Como adelanta su nombre, el pistacho ocupa un lugar central. Puede aparecer solo, acompañado por chocolate o combinado con otros ingredientes. También desarrolla cremas, frutas y sabores especiales que varían durante el año.
Su crecimiento fue impulsado en parte por las redes sociales, pero la convocatoria no se explica solamente por la estética. Los sabores son intensos y existe un trabajo concreto sobre la textura y la materia prima.
Durante los fines de semana puede formarse fila, especialmente por la noche.
Antiche Tentazioni nació a partir de una gelatería desarrollada originalmente en Padua, Italia.
Su propuesta busca respetar las características del gelato italiano: menor incorporación de aire, textura suave, elaboración cotidiana y protagonismo de los ingredientes naturales.
Utiliza frutas de estación, leche, crema, chocolates y productos italianos como pistachos sicilianos. La producción puede observarse dentro de algunos de sus locales.
El pistacho, la avellana, la stracciatella y los chocolates son buenas puertas de entrada. También aparecen sabores especiales y combinaciones creadas semanalmente.
Tufic comenzó con un local en Palermo y posteriormente sumó sucursales en Belgrano y Núñez.
Su carta es extensa y combina los gustos habituales de una heladería porteña con chocolates, frutas, frutos secos y preparaciones propias. También ofrece tortas, postres y cafetería.
Es una buena opción para visitar en grupo porque permite pedir desde un dulce de leche clásico hasta sabores más cítricos o combinaciones especiales.
El local de Palermo está a pocas cuadras de Plaza Armenia y cuenta con espacio para sentarse.
Rapanui nació en Bariloche y trasladó a sus helados la experiencia de una familia dedicada durante décadas al chocolate.
La marca trabaja con cacao, frutos secos, leche fresca y frutos rojos patagónicos. Por eso, sus sabores de chocolate suelen ser los grandes protagonistas de la carta.
También se pueden encontrar cremas con avellanas, pistachos, dulce de leche y frutas. Además del helado, los locales venden chocolates, bombones, alfajores, tabletas y los conocidos Franuí.
Tiene varias sucursales porteñas, pero el local de Malabia es una buena opción para combinar con un paseo por Palermo.
OCCO propone helados artesanales con una imagen moderna y sabores que se alejan de la carta tradicional.
Su catálogo combina chocolates, frutas, cremas, frutos secos y recetas especiales. También cuenta con una línea de sabores veganos, aunque la disponibilidad puede variar según el local.
La presentación, los colores y el diseño de sus sucursales forman parte de la experiencia, pero la propuesta no se limita a que el helado se vea bien. Hay un trabajo permanente sobre nuevas combinaciones y ediciones temporarias.
Cuenta con locales distribuidos en diferentes barrios de la zona norte de la ciudad.
El Kiosco de Helados de El Preferido propone algo diferente al resto de la lista.
En lugar del helado servido desde bateas, trabaja con helado soft de máquina acompañado por salsas, baños y diferentes complementos. La propuesta toma un formato simple y lo desarrolla con ingredientes y recetas vinculadas con la cocina de El Preferido de Palermo.
Funciona desde una pequeña ventanilla sobre la calle Guatemala. No tiene el ritual de una heladería tradicional: se pide el helado y se continúa caminando por el barrio.
Los sabores y toppings pueden cambiar, por lo que siempre hay alguna combinación nueva para probar.
Las heladerías históricas son la mejor opción para probar sabores tradicionales y conocer una parte de la identidad gastronómica de Buenos Aires.
Cadore, Saverio, Scannapieco, Tino y La Flor de Almagro conservan recetas, locales y formas de atención vinculadas con otra época.
Obrador Florida, Pistacchio, OCCO y el Kiosco de Helados de El Preferido trabajan desde una mirada más experimental. Antiche Tentazioni se concentra en el gelato italiano, mientras que Rapanui combina el helado con la tradición chocolatera patagónica.
Saverio fue fundada en 1909 y es la más antigua de esta selección que continúa funcionando.
Cadore es una referencia para este sabor. También vale la pena probar las versiones de Saverio, Scannapieco, Tino y Obrador Florida.
Obrador Florida, Pistacchio y OCCO suelen ofrecer las combinaciones más experimentales. El Kiosco de El Preferido trabaja con helado soft, salsas y complementos.
Sí. OCCO cuenta con una línea vegana y Obrador Florida elabora diferentes sorbetes. Otras heladerías ofrecen sabores al agua, pero conviene preguntar si contienen derivados animales.
Muchas heladerías poseen sabores sin ingredientes con gluten. Sin embargo, eso no garantiza que sean aptos para personas celíacas, ya que puede existir contaminación cruzada. Es necesario consultar en cada establecimiento.
La mayoría trabaja con aplicaciones o servicios propios de entrega. El radio, los precios y la disponibilidad dependen de cada sucursal.
No existe un precio único y los valores cambian con frecuencia. Las heladerías de autor y las marcas premium suelen ser más costosas que los negocios tradicionales de barrio.
Después del helado se puede continuar la salida con alguno de nuestros bodegones de Buenos Aires o recorrer las ferias y mercados de la ciudad.





