De la muzzarella al molde de la avenida Corrientes a la fugazzeta de Villa Ortúzar y la pizza de cancha de Villa Crespo. Ocho pizzerías históricas para entender por qué la pizza porteña tiene una identidad propia.
Discutir cuál es la mejor pizzería de Buenos Aires puede ocupar una sobremesa entera. Cada barrio tiene su favorita, cada familia defiende una receta y hasta el punto exacto de cocción de la muzzarella genera debate.
Esta selección no está ordenada de mejor a peor. Reúne ocho clásicos que cuentan distintas partes de la historia de la pizza porteña: locales centenarios, mostradores para comer de parado, hornos que llevan décadas encendidos y especialidades que nacieron en Buenos Aires.
Las direcciones fueron verificadas el 5 de agosto de 2026. No incluimos precios porque cambian con frecuencia y recomendamos confirmar los horarios en los canales oficiales antes de salir.
Güerrín es probablemente la imagen más reconocible de la pizza porteña. Fue fundada en 1932 por los inmigrantes genoveses Franco Malvezzi y Guido Grondona, cuatro años antes de la inauguración del Obelisco.
El movimiento comienza en el mostrador de la entrada, donde las porciones salen constantemente y se comen de pie. Más atrás aparecen diferentes salones y un patio interior que permiten sentarse con más tranquilidad.
La pizza es al molde, con masa esponjosa, base firme y una cantidad de muzzarella difícil de ignorar. Aunque la carta tiene decenas de variedades, conviene comenzar por las recetas que construyeron su fama.
El Cuartito nació en 1934 dentro de un pequeño local triangular que funcionaba como despacho de vinos y cervezas. Su nombre recuerda justamente aquella primera habitación diminuta.
El espacio creció, pero todavía conserva el ambiente de una pizzería tradicional. Las paredes están cubiertas de fotografías, banderines, camisetas y recuerdos del deporte argentino. La experiencia mezcla pizza, fútbol y memoria porteña.
La fugazzeta es una de las grandes especialidades de la casa: masa alta, cebolla y una cantidad generosa de queso. También se puede pedir una muzzarella clásica y comerla en el mostrador.
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En La Mezzetta no hay mesas ni sillas. Se pide en el mostrador, se busca un lugar y se come de parado, siguiendo una dinámica que prácticamente no cambió desde su apertura en 1939.
La carta tampoco intenta abarcar todos los gustos. Sus cuatro variedades tradicionales son muzzarella, fugazzetta, anchoas y napolitana.
La gran protagonista es la fugazzeta: alta, rellena, cubierta de cebolla y con una cantidad de queso capaz de convertir cada porción en una comida completa. Después puede aparecer otro clásico del local, la torta de ricota.
Las Cuartetas forma parte del corredor histórico de pizzerías, teatros y librerías de la avenida Corrientes. Abrió durante la década de 1930 y todavía conserva su mostrador para comer al paso y un salón con mesas en el fondo.
Una historia repetida alrededor del local vincula su nombre con el dramaturgo y poeta de tango Alberto Vacarezza, quien habría escrito cuartetas mientras se sentaba a comer. Sea mito o recuerdo, la anécdota encaja perfectamente con la relación entre esta pizzería y la vida cultural porteña.
La muzzarella es gruesa, elástica y abundante. Lo mejor es pedir una porción recién salida del horno y comerla en el mostrador, especialmente antes o después de una función.
La historia de Banchero comienza a finales del siglo XIX, cuando la familia llegó desde Génova y abrió una panadería en La Boca. En 1932, Juan Banchero inauguró junto con sus hijos la pizzería que continúa funcionando en la esquina de Almirante Brown y Suárez.
La casa está asociada con la creación de la fugazza con queso, antecedente directo de la fugazzeta rellena. La receta combinó la tradición genovesa de la fugassa con cebolla y la abundancia de queso que terminaría convirtiéndose en una marca porteña.
Por sus mesas pasaron figuras como Benito Quinquela Martín, Tita Merello y Luis Sandrini. En 2002 fue declarada Sitio de Interés Cultural de la Ciudad.
El Imperio fue fundado por José Caramés en 1947 y ocupa una de las esquinas más transitadas de Chacarita, frente a la estación Federico Lacroze.
Su mostrador recibe desde vecinos y pasajeros hasta personas que terminan una salida nocturna. Las pizzas son al molde, altas, esponjosas y cargadas de ingredientes.
La identidad barrial también aparece en la estatua de Carlitos Balá ubicada en el ingreso. El humorista nació y creció en Chacarita, y la pizzería decidió homenajearlo en una de las esquinas más reconocibles del barrio.
Angelín comenzó como un puesto ambulante que vendía pizza cerca de las canchas de fútbol. En 1938 se instaló en su dirección actual y se transformó en uno de los grandes clásicos de Villa Crespo.
Su nombre está ligado a la creación de la pizza de cancha: una masa cubierta con salsa de tomate, ajo y condimentos, pero sin queso. Como debía trasladarse apilada y comerse fría, resultaba práctica para vender entre los hinchas.
La receta continúa siendo el gran motivo para visitar Angelín, aunque también tiene muzzarella y fugazzeta rellena preparadas en su horno a leña.
Pirilo funciona desde 1932 en un pequeño local de San Telmo que conserva el aspecto de una antigua friggitoria genovesa.
No tiene mesas ni sillas. Hay azulejos blancos, mostradores de mármol, fotografías antiguas y un horno a leña a la vista. Se pide una porción, se come de parado y después se paga.
Las pizzas se siguen elaborando artesanalmente y la variedad es breve: muzzarella, fugazza, fugazzeta, anchoas, pizza de cancha y fainá. La experiencia vale tanto por la comida como por la sensación de haber entrado a una pizzería de otra época.
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Aunque todas representan la tradición porteña, cada una funciona mejor para un plan diferente:
La pizza comenzó a popularizarse en Buenos Aires a finales del siglo XIX con la llegada de inmigrantes italianos, especialmente genoveses. La Boca, con su actividad portuaria y su importante comunidad italiana, fue uno de sus primeros grandes territorios.
Las recetas europeas fueron cambiando a medida que se mezclaban con los ingredientes, los hábitos y el ritmo de la Ciudad. La masa se volvió más alta, la muzzarella más abundante y la venta por porción permitió comer rápidamente en el mostrador.
Durante la década de 1930 abrieron varias de las pizzerías que todavía continúan funcionando. La expansión coincidió con el crecimiento de Buenos Aires, la inauguración de grandes avenidas y el auge de los cines y teatros del centro.
La pizza dejó de ser solamente una receta importada y se convirtió en una comida porteña.
La pizza tradicional de Buenos Aires suele tener una masa más alta y esponjosa que la napolitana. Se cocina dentro de un molde aceitado y lleva una cantidad generosa de ingredientes.
Existen tres estilos principales:
En las pizzerías históricas también es habitual comprar una sola porción y comerla de pie. No hace falta pedir una pizza completa ni sentarse en una mesa.
La fugazza es una masa cubierta principalmente con cebolla y condimentos. Su nombre deriva de la palabra genovesa fugassa, relacionada con la focaccia.
La fugazza con queso suma una capa abundante de queso, mientras que la fugazzeta rellena utiliza dos masas con queso en el interior y cebolla en la parte superior.
La fainá se prepara con harina de garbanzo, agua y aceite. Puede comerse sola, pero la costumbre porteña consiste en colocarla sobre una porción de pizza para combinar ambas masas.
La pizza de cancha o pizza canchera no lleva muzzarella. Se prepara con salsa de tomate, ajo, orégano y otros condimentos.
Su origen está vinculado con los vendedores que ofrecían porciones cerca de los estadios. Al no tener queso, las pizzas podían apilarse, transportarse y comerse frías sin desarmarse.
Angelín es reconocida como la casa que convirtió aquella comida callejera en una especialidad de la pizza porteña.
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Güerrín es posiblemente la más reconocida por su ubicación en la avenida Corrientes, su tamaño y la enorme cantidad de personas que recibe. El Cuartito, Banchero y La Mezzetta también son referencias fundamentales.
La Mezzetta es famosa por su fugazzeta rellena. Banchero permite conocer la casa asociada con el nacimiento de la fugazza con queso y El Cuartito ofrece otra de las versiones clásicas.
Angelín es la opción imprescindible por su relación histórica con esta receta. Pirilo también mantiene una versión tradicional.
Güerrín, Las Cuartetas, El Imperio y El Cuartito tienen sectores de mostrador. La Mezzetta y Pirilo directamente conservan la experiencia de comer sin mesas.
Güerrín y Las Cuartetas se encuentran sobre la avenida Corrientes y permiten combinar la comida con un paseo por el Obelisco, los teatros y las librerías del centro.
Es una porción de pizza acompañada por otra de fainá, una preparación elaborada con harina de garbanzo. Muchas personas colocan la fainá directamente encima de la pizza.
Depende del establecimiento. En los locales tradicionales es habitual ingresar por orden de llegada y esperar una mesa o comer directamente en el mostrador.
Fuentes generales: historia y diccionario de la pizza porteña de Turismo Buenos Aires, páginas oficiales y canales enlazados en cada pizzería.





