Del swipe al cara a cara: la fatiga de las apps y el auge del slow dating en Buenos Aires

Los matches se acumulan, las conversaciones se repiten y muchas citas ni siquiera llegan a concretarse. Frente al cansancio digital, Buenos Aires empieza a recuperar algo tan antiguo como efectivo: conocerse en persona.

Durante más de una década, deslizar hacia la derecha se convirtió en el ritual habitual para buscar pareja, compañía o un encuentro casual. Las aplicaciones ampliaron las posibilidades y permitieron conectar con personas que probablemente nunca se habrían cruzado.

Pero aquella abundancia también empezó a mostrar su lado menos atractivo: demasiados perfiles, conversaciones casi idénticas y la sensación de estar recorriendo un catálogo en lugar de conocer a alguien.

Cuando conocer a alguien se vuelve agotador

“¿De qué barrio sos?”, “¿qué hacés de tu vida?” y “¿qué buscás acá?”. Las preguntas se repiten entre matches que avanzan, quedan abandonados o desaparecen antes de convertirse en una salida.

A eso se suma el ghosting, que ocurre cuando una persona corta el contacto y desaparece sin dar ninguna explicación. También están los chats eternos que nunca llegan a una cita y el esfuerzo de volver a presentarse desde cero cada vez que comienza una nueva conversación.

La cantidad de opciones tampoco garantiza mejores encuentros. Cuando siempre parece haber otro perfil esperando, una charla lenta o una primera cita imperfecta pueden descartarse demasiado rápido.

Así, conocer a alguien deja de despertar curiosidad y empieza a sentirse como una tarea: elegir, presentarse, conversar y volver a empezar.

Qué es el slow dating

El slow dating propone bajar la velocidad con la que elegimos y descartamos personas. No significa esperar meses para tener una cita ni recuperar las relaciones de otra época. La idea es más sencilla: conocer a menos personas, pero prestarles más atención.

También busca devolverle importancia al contexto. En lugar de elegir a alguien solamente por sus fotos y encontrarse directamente en una cita, muchas personas prefieren coincidir dentro de una actividad, un evento o un grupo donde la conversación pueda aparecer de forma más natural.

Lo “slow” no siempre está en la cantidad de tiempo. Está en frenar la búsqueda permanente de una opción mejor y descubrir qué sucede con la persona que ya está enfrente.

manos pareja

Volver a tener un pretexto para hablar

Antes de las aplicaciones, muchas relaciones comenzaban en espacios compartidos: la facultad, el trabajo, un club, una fiesta o el grupo de amigos de un amigo. Las apps eliminaron la necesidad de ese contexto. Ahora empieza a recuperarse.

No todas las propuestas presenciales son citas ni encajan perfectamente dentro del slow dating. Algunas están pensadas para encontrar pareja; otras, simplemente para conocer gente. Lo que comparten es la intención de salir del chat y volver al cara a cara.

En Buenos Aires están tomando fuerza las rondas de citas rápidas, las noches con juegos para romper el hielo, los clubes de running, los talleres, los clubes de lectura y otros encuentros organizados alrededor de un interés común.

Incluso el speed dating, con sus conversaciones de pocos minutos, forma parte de la misma reacción. Aunque no sea lento en el sentido literal, permite descubrir rápidamente algo que una pantalla no puede mostrar: la voz, los gestos, el humor, la mirada y la química entre dos personas.

Más presencia, menos perfección

En una aplicación, cada foto puede elegirse y cada respuesta puede pensarse antes de enviarse. En persona aparecen los nervios, las pausas, la torpeza y los silencios. Pero también aparecen el humor, la energía y la forma de escuchar.

Alguien que habría pasado inadvertido en una pantalla puede resultar interesante después de unos minutos de conversación. Una primera impresión puede cambiar. Una charla puede comenzar incómoda y mejorar.

El encuentro presencial no elimina el rechazo ni garantiza una conexión profunda. Simplemente devuelve toda la información que una pantalla deja afuera.

Las aplicaciones no van a desaparecer. Son prácticas, amplían el círculo y siguen funcionando para muchas personas. Pero dejaron de ser la única forma posible de conocer a alguien.

La gente no está cansada de conocer a otros. Está cansada de sentir que hacerlo significa seguir deslizando.

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